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SÍ CREO EN LOS SANTOS REYES |
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Domingo 7 de Enero de 2006 |
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SÍ CREO EN LOS SANTOS REYES
Epifanía del Señor
05 de Enero de 2007
+Enrique Díaz Díaz
Obispo Auxiliar de San Cristóbal de Las Casas
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de
Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de
los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido
a adorarlo”.
Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con
él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les
preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: ‘En Belén de
Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en
manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá
un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel’.
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran
el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén,
diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de este niño, y
cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.
Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la
estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo
encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de
inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y
postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos:
oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a
Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. (Mt 2,1-12).
Recuerdos de la infancia
Víspera de día de Reyes: noche de inquietudes, vigilias y anhelos de niño,
soñando en la posibilidad de un juguete, unos dulces, una ropa nueva o un
pequeño regalo. Toda la noche de ilusiones. La promesa de que “si te has
portado bien, te van a dejar un regalo los Santos Reyes”. El examen de
conciencia que, a pesar de algunos errores, en la mente de niño resulta
favorable y, aunque no lo merezca, siempre espera alcanzar el favor de los
Reyes que deben tener una gran bondad para ofrecer a todos sus regalos y
una gran destreza para llegar siempre cuando el niño está dormido.
Y el despertar con la inquietud que se hace carrera desenfrenada a donde está
el nacimiento junto con los zapatos. Descubrir pequeños y muy sencillos
regalos pero que bastan para llenar las aspiraciones e ilusiones de un niño.
Después, el compartir lo regalado y hacer del juego compartido una
multiplicación de la felicidad, que siempre que la alegría se comparte se
multiplica en el propio corazón
Se pierden los ideales
Pasaron los años. Los Reyes se convierten en los papás o en alguien cercano,
pero pierden un poco de su fascinación y de su encanto. Y aun en la Biblia, los
Reyes, tomados tan literalmente en un principio, se empiezan a desvanecer: no
nos dice el Evangelio de Mateo que leemos este día que sean Reyes, no nos
dice sus nombres, no nos dice su número… y nos enteramos que solamente en
algunos evangelios apócrifos y en numerosas leyendas aparecen los nombres,
sus orígenes, sus colores… ¿Dejamos de creer en los Santos Reyes? Si
después encontramos un mundo lleno de egoísmo y corrupción, poco a poco
se van perdiendo los ideales que la florida narración nos había inspirado; va
quedando lejos la estrella, va quedando lejos, muy lejos, aquel Niño nacido en
un pesebre. Las dificultades aumentan y la fe se acaba.
Pero hoy, esta fiesta de Epifanía –que así se llama la fiesta de los Santos
Reyes porque es una “verdadera manifestación del Salvador”– nos lleva a
descubrir que el acontecimiento va mucho más allá del simple sentimentalismo
y que nos presenta realidades que todo creyente debe afrontar.
Mirar una estrella
Al contemplar la estrella me da una cierta tristeza porque ahora hay quienes no
creen en los Santos Reyes. Y no me refiero al pasaje bíblico de estos
personajes. Hay quienes no creen ya en los ideales, sino que solamente creen
en lo contante y sonante, hay quienes han claudicado de sus aspiraciones.
La mayoría de los seres humanos están muertos, en mayor o menor grado. De
una u otra forma han perdido sus sueños e ideales, han truncado sus
verdaderas ambiciones, su deseo de un mundo mejor. Han perdido su lucha
por su propia valoración y han comprometido su gran potencial. Se han
establecido en una vida de mediocridad, con días de desesperación y noches
de lágrimas.
Nuestro mundo tan lleno de fascinación va mutilando las esperanzas.
Encontramos, sobre todo en la juventud, una gran indolencia, vacío y ausencia
de valores. Se busca llenar el vacío con ruido, drogas, escapes y hasta el
suicidio. Es alarmante el número de suicidios que suceden en nuestro
ambiente. Muchos jóvenes han perdido el sentido de su vida: no son más que
muertos vivientes que necesitan salir de ese estado y que pueden resucitar de
su lamentable condición. Cada uno necesita un milagro. Necesita realizar ese
milagro para convertirse en lo que desean ser y alcanzar la verdadera riqueza
de la vida. Cada uno necesita mirar una estrella que lo desestabilice y lo lance
en búsqueda de un mundo diferente.
Es el primer gran mensaje que encontramos en este día: la estrella de Jesús da
sentido a nuestra vida, vale la pena emprender el viaje, vale la pena esforzarse,
luchar y entregar la vida en busca de ideales. Vale la pena entregar la vida en
busca de Jesús. El mirar una estrella es creer que se puede construir. Es
animarse a volar, aun a riesgo de romperse las alas. Es aventurarse a construir
un mundo diferente, pero a partir de ideales. Por eso hoy digo que sí creo en
los Santos Reyes, porque creo que es posible dar ideales a nuestro mundo,
porque es posible construir al estilo de Jesús.
Unos magos de Oriente
En un mundo donde las fronteras dividen a los hombres, donde las diferencias
nos enfrentan, donde se desprecia y ataca al distinto, la fiesta de la Epifanía
viene a hablarnos de universalidad. Cristo es luz para todos, Cristo a todos nos
hace hermanos, Cristo respeta la dignidad y la diferencia de cada persona. Es
triste que aún esgrimiendo valores religiosos despreciemos a los demás, que
los partidos en lugar de buscar el bien común se aferran a sus propios
intereses. Es una lacra en nuestra sociedad la discriminación, el desprecio al
otro y la división por cuestiones tan externas. Hoy Cristo nos invita a construir
con todos, a construir con los pequeños, a construir con los diferentes, que sólo
así reconstruye el Reino de Dios.
El rey Herodes y el Rey de los judíos
Encontramos también en la lectura de este día una serie de antítesis que
vienen a cuestionarnos nuestra forma de actuar: Herodes el poderoso no es
capaz de reconocer a Jesús; los Magos, tan lejanos, se ponen en marcha para
encontrarlo. Los sacerdotes y escribas, los sabios del pueblo, encuentran a
Jesús en la Escritura; los pastores y los Magos lo encuentran encarnado.
Herodes teme perder su poder, los Magos crecen en riqueza al entregar sus
dones. Herodes se ve frustrado en sus proyectos; los Magos regresan con el
corazón lleno de paz y alegría. Todo esto nos debe cuestionar sobre la forma
de actuar y de vivir: ¿Cómo estamos construyendo el Reino de Jesús? ¿Nos
quedamos solamente en las palabras bonitas? ¿Buscamos sobre todo poder,
riqueza y fama? Son preguntas que nos deben llegar al corazón como Iglesia y
a cada uno como creyentes.
Le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra
La última gran enseñanza que nos ofrece el evangelio de este día es “la
bendición de dar”. Dar una sonrisa, dar de nuestro tiempo, dar sin intereses,
dar a quien más lo necesita, dar a quien está más cercano de nosotros. Dar
como Jesús, que se entregó por completo al hacerse hombre por nosotros. Dar
como los Reyes Magos que salen al encuentro y sortean dificultades. ¿Cómo y
a quién nos estamos dando? Por eso este día digo que sí creo en los Reyes
Magos, porque creo que Jesús sigue actuando en nosotros, porque creo que
es posible un mundo sin fronteras, porque creo que se puede vivir con ideales,
porque creo en la gratuidad de un regalo.
Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella diste a conocer en este día,
a todos los pueblos, el nacimiento de tu Hijo, concede a los que ya te
conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura de tu
inmensa gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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