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¿QUIÉM REINA EN MEXICO?
Domingo 26 de Noviembre, 2006-
 
¿QUIÉN REINA EN MEXICO?
XXXIV Domingo Ordinario

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de lo judíos?” Jesús le contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te la han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí.”

Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. ¡Palabra del Señor! ¡Gloria a ti, Señor Jesús! (Jn 18, 33-37).

Este es el último domingo del Ciclo B del Año Litúrgico. Dentro de ocho días, empezaremos el Ciclo C, con el tiempo de Adviento, para prepararnos a Navidad. La Iglesia, por ello, nos presenta en la liturgia las realidades definitivas, las que nos hacen definirnos: ¿Somos o no somos discípulos de Jesús? ¿El es nuestro Rey? ¿Nos hemos definido por El y por su reinado, o somos como Pilatos, que pregunta y busca la verdad, pero prefiere su propio reino? En la vida actual del país, ¿quién o qué reina?

V E R

∙ Hay muchas clases de reyes y de reinados. Desde quienes se desviven por los otros, por su familia y por su pueblo, hasta los que viven de los demás y del cargo. Jesús da la vida por nosotros y nos enseñó a ser los primeros en servir a todos, en particular a los pobres. Examinemos algunos tipos de reinado, para ver si son conformes o contrarios al Reino de Dios.

∙ En las familias, hay papás y mamás que quieren reinar imponiendo su voluntad incluso sobre los derechos de los hijos y de la propia pareja. Su dominio es a base de gritos, golpes, amenazas y ofensas. Algunos, en su embriaguez, destruyen todo a su alrededor, con tal de que se les tenga miedo y un falso respeto. Esto es lo más contrario al plan de Dios. En cambio, hay otros que trabajan y se sacrifican calladamente por el bienestar de la familia, sin que muchas veces se les agradezca y se les reconozca. Hacen hasta los servicios más repugnantes, con tal de atender a los suyos y que nada les falte. ¡Eso es reinar en Cristo!

∙ Conocemos gobernantes de toda clase. Los hay que en verdad dejan parte de su vida, de sus energías y hasta de sus recursos, con tal de hacer algo por el pueblo. Se desviven, no tienen horarios fijos para sus alimentos, para el descanso y para su familia. Sufren incomprensiones y burlas; se exponen a peligros de toda índole; siguen ayudando a la comunidad, incluso cuando ya no tienen el puesto y termina su periodo. Sin embargo, abundan los que se tornan soberbios, engreídos, rodeados de una caterva de aduladores y de servidores a quienes ven casi como esclavos, como si de su vida pudieran disponer. No tienen el corazón cerca de los que sufren, sino de los grandes
intereses económicos y políticos de los que dominan el mundo. Les hacen creer que todo está en paz, cuando hay conflictos graves y profundos. Presumen de lo que han hecho, sin reconocer las deficiencias y sin pedir perdón por los errores.

∙ Por otro lado, hay quienes no reconocen ninguna ley ni autoridad. Se suman a la masa de quienes protestan contra todo lo que haga cualquiera que esté constituido en autoridad. Sin dar la cara, destruyen y maltratan, con lo que expresan la inconformidad que llevan en el corazón, pero que no canalizan en forma constructiva. Muchas veces tienen razón en sus críticas y exigencias; pero en la manera como las manifiestan, hacen aflorar un desajuste interior, que con frecuencia arranca desde una infancia en la que la relación con la figura paterna estuvo rota o malformada. Este desequilibrio se manifiesta cuando, haga lo que haga la autoridad, siempre hay rechazo, desconfianza y descalificación hacia ella, sea la que sea, del color que sea.

∙ ¿Cómo calificar a quienes a toda costa se proclaman reyes y gobernantes, sin serlo?¿Qué les mueve en lo más profundo de su corazón? ¿En verdad buscan el bien del país, sin otras ambiciones? ¿Todo es limpio, puro y transparente? Juzguemos a la luz del reino de Cristo. Hay muchas formas de servir a la patria, sin necesidad de violentar las situaciones para reclamar lo que se considera un derecho obtenido. Se deben revisar las instituciones; pero si cada quien hace sus propias instancias, se genera incertidumbre.

∙ Termina un sexenio, a nivel federal y a nivel estatal en Chiapas. Todos nos piden hacer un balance de logros y deficiencias. El juicio definitivo lo dará Dios, cuando El sopese lo hecho y lo dejado de hacer, y sobre todo juzgue las intenciones internas de las personas. Nosotros podemos apreciar qué de lo realizado se parece más al reinado de Pilato, o al reinado de Jesús. Sin embargo, muchas veces nuestros juicios están viciados, son muy parciales y fruto de poca información. El dictamen más justo será no el de la historia, que con frecuencia es analizada con ojos prejuiciados, sino el de Dios.

∙ La tentación del dominio sobre los demás a todos nos provoca. El demonio ofreció a Jesús el poder y las riquezas, si se le sometía. También los hombres y mujeres de Iglesia estamos expuestos a ello. Obispos y sacerdotes podemos convertir nuestra autoridad espiritual en autoritarismo clerical. Religiosas y religiosos pueden disfrazar de acompañamiento pastoral lo que quizá sea manipulación eclesial. En vez de ser servidores generosos y humildes, podemos ser impositivos y ásperos, provocando el
alejamiento de las personas. La tentación del poder no nos es ajena.

J U Z G A R

❖ Al terminar el Año Litúrgico de las celebraciones en la Iglesia, se nos presenta la figura de nuestro Señor Jesucristo, como Rey del Universo. En El, se cumple la visión del profeta Daniel: “Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: Vi a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo... Recibió la soberanía, la gloria y el reino. Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo servían. Su poder nunca se
acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido” (Dan 7,13-14).

❖ Es una visión semejante a la que tuvo el Apóstol Juan: “Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, el soberano de los reyes de la tierra; aquel que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre, y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Miren: él viene entre las nubes, y todos lo verán, aun aquellos que lo traspasaron... Yo soy el Alfa y el Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que ha de venir, el todopoderoso” (Apoc 1,5-8).

❖ El Evangelio pone frente a frente dos estilos de reinado: el del poder y la fuerza, el del dominio y el aplastamiento del otro, el de Pilato, y el de aquel que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre; el que vino al mundo para ser testigo de la verdad. Pilato quiere acabar con el reinado de Jesús y le pregunta si en verdad es el rey de los judíos. Este le hace ver que su reinado no es de este mundo; es de otro estilo. No le importa un reino para dominar e imponerse a la fuerza, sino dar su sangre para hacer
de nosotros un reino de sacerdotes. Por ello, cuando las multitudes, a quienes dio de comer, lo quieren aclamar como rey, huye a la montaña y se dedica a la oración.

A C T U A R

➢ Quienes ejercemos cualquier tipo de autoridad, hemos de estar constantemente vigilantes sobre nosotros mismos, para analizar si actuamos como Pilato, o como Jesús. Que no nos importe reinar sobre otros, imponernos y, a como dé lugar, prevalecer, sino estar disponibles para servir, con o sin cargo oficial. Lo que importa no es el título, mucho menos el sueldo, sino el servicio.

➢ Otro criterio importante que deducimos del reinado de Jesús es la verdad, la santidad, la vida, la justicia, la paz, el amor. Si nos falta alguna de estas características, vamos por un camino errado, aunque las multitudes nos aplaudan.

➢ Encomendamos al Señor a las autoridades que están por iniciar un nuevo sexenio, para que les conceda los dones de sabiduría, fortaleza y prudencia, para que desgasten sus energías en lograr que este pueblo ya no viva en zozobra constante, en inseguridad y violencia, en miseria y marginación, en abismos contrastantes de lujos ofensivos y de pobreza inhumana. Que logren consensos para avanzar en las reformas institucionales que urgen, en lo económico y electoral, en seguridad social, en el equilibrio de un desarrollo compartido.

➢ Sin embargo, estemos muy conscientes de que el progreso de un pueblo no depende primordialmente de sus gobernantes, sino del empeño diario y sacrificado de todos los ciudadanos. Es un infantilismo seguir pensando que todo depende del Presidente o del Gobernador. Son muy importantes, pero ni con las mejores autoridades avanzamos, si en la familia no se ponen cimientos sólidos de verdad, de justicia, de trabajo, de ascesis y disciplina, de solidaridad y fraternidad, de amor y de paz.

➢ Quienes ejercemos ministerios jerárquicos en la Iglesia, debemos rechazar la tentación de ser políticos, de pretender el poder civil. El reinado de Jesús es de otro estilo, como dice el Papa Benedicto: “La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia.
Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien” (Encíclica Deus caritas est, 28). Por tanto, los obispos, sacerdotes, diáconos y demás personas consagradas, no pretendemos el poder político, sino que la política sea conforme al Reino de Dios; es decir, que los políticos trabajen por la justicia, la verdad, el trabajo digno para todos, el crecimiento económico con solidaridad social. Así se va haciendo presente el reinado de Dios, que en última instancia es que todos vivamos dignamente y nos amemos como hermanos. Eso es gobernar según el plan de Dios.

C E L E B R A R

❑ Desde la antífona de entrada en la celebración, expresamos: “Digno es el Cordero que fue inmolado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos” (Apoc 5,12; 1,6).

❑ En el Salmo responsorial, cantamos: “Señor, tú eres nuestro rey. Tú eres, Señor, el rey de todos los reyes. Estás revestido de poder y majestad. Tú mantienes el orbe y no vacila. Eres eterno, y para siempre está firme tu trono. Muy dignas de confianza son tus leyes y desde hoy y para siempre, Señor, la santidad adorna tu templo”(Salmo 92).

❑ Antes del Evangelio, aclamamos: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! Aleluya, aleluya”.

❑ En el Prefacio, proclamamos: “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo a tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, para que, ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana; y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un Reino eterno y universal: Reino de la verdad y de la vida, Reino de la santidad y de la gracia, Reino de la justicia, del amor y de la paz”. Este es el estilo de reinado que todos deberíamos impulsar en México, no tanto el propio reinado.

❑ En la antífona de la Comunión, decimos: “En su trono reinará el Señor para siempre y le dará a su pueblo la bendición de la paz” (Salmo 28,10-11). Es la paz que necesitamos para nuestras familias, para Oaxaca y para el país.

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del universo, haz que toda creatura, liberada de la esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

NOTA: Con el comentario de hoy, termino este servicio dominical, que empecé hace más de diez años. Lo continuará ofreciendo Mons. Enrique Díaz Díaz, nuestro Obispo Auxiliar, con su propio estilo. Deseo escribir, a mitad de semana, una columna más breve sobre asuntos coyunturales que se vayan presentando, con el discernimiento que nos dan la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia. Quienes han recibido mi reflexión dominical
por correo electrónico, podrán seguir recibiendo lo que escribamos ambos obispos, si así lo desean. Muchas gracias por su atención y sus comentarios.

 
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