9 DE MARZO DE 2009.- Ante el slogan castellano y gallego que aparece, en estos días, en la parte trasera de los autobuses de las líneas 3 y 6 de la ciudad de A Coruña propagando la idea, “probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta de la vida”, financiado por la Unión de Ateos Librepensadores, al igual que hicieron por otras ciudades como Madrid, Barcelona o Málaga, pone de actualidad la necesidad y conveniencia de considerar y esclarecer la cuestión de la existencia de Dios desde el punto de vista histórico, sociológico, filosófico y teológico.
Históricamente, todos los pueblos primitivos y antiguos de ayer, y los modernos y contemporáneos de hoy, creyeron y creen en la existencia de Dios, aunque la expresaron y expresan de diversas formas, desde un Dios animista y politeísta al Dios monoteísta de los judíos, cristianos y musulmanes, siendo millones y millones sus creyentes.
Sociológicamente, según una encuesta, de febrero del 2005, realizada en la Unión Europea sobre la pregunta “si creían en la existencia de Dios”, el 52% de sus ciudadanos manifiestan “si”, y el 18% “no”. Si hiciésemos otra encuesta entre las personas de la ciudad de A Coruña, de Galicia y del Estado español nos encontraríamos con una estadística, más o menos parecida, de ciudadanos religiosos y no religiosos.
Entre los religiosos, unos son simplemente creyentes y otros creyentes-practicantes. Entre los no religiosos, unos son ateos porque niegan la existencia de Dios y otros son agnósticos que no la niegan, pero dudan. El slogan citado “probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta de la vida” es agnóstico. No afirma que Dios no exista, sino que duda de que exista.
Filosóficamente, la filosofía platónica, aristotélica, gnóstica, neoplatónica, patrística, escolástica, renacentista y racionalista de Descartes defiende y afirma la existencia de Dios. La filosofía idealista de Khan y la modernista considera la existencia de Dios como un postulado de razón práctica. Ello me recuerda lo que Unamuno dice y escribe: “no se si Dios existe o no, pero lo siento en la vida, y sobre todo, cuando leo los Evangelios”.
La filosofía cínica-postsocrática, epicúrea, renacentista de Campanela, panteísta de Spinoza y Hegel, ilustrada de Voltaire, positivista de Comte, materialista de Haeckel, Feurcbach y Kart Marx, existencialista de Camus y Sartre y nihilista del superhombre de Nietzsche niega la existencia de Dios, y diciendo este último: “¡Dios ha muerto!, ¡nosotros lo hemos matado!”.
Teológicamente, las religiones judía, cristiana y musulmana, extendidas por todo el mundo con miles de millones de fieles, creen en un Dios vivo, personal, eterno, principio y fin del mundo y del hombre, que se manifiesta por la razón humana, y se revela en el Antiguo y Nuevo Testamento de la Biblia y en el Corán.
Dentro de la religión cristiana, la confesión protestante, entre ellos, Lutero, K. Barth y R. Bultman, y los fideístas y tradicionalistas niegan que la razón humana tenga capacidad para conocer a Dios, afirmando que solo podemos conocerlo por la revelación divina, por la fe o por la tradición de nuestros antepasados. Sin embargo, la confesión católica afirma que la persona humana puede conocer la existencia de Dios, no solo por la revelación divina, sino que tambien puede conocer su existencia por la sola razón.
Concretamente, el concilio Vaticano I afirma: “la santa Iglesia católica, apostólica y romana cree y reconoce que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, todo poderoso, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en inteligencia, en voluntad y en toda perfección; que siendo una sustancia espiritual, única, absolutamente simple e inmutable, debe ser declarado distinto del mundo en realidad y por esencia, felicísimo en sí y por sí, y elevado por modo inefable sobre todo lo que es y pueda concebirse fuera de Él”.
Por consiguiente, afirma: “Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido por las luces naturales de la razón humana mediante las cosas creadas”; y manda: “si alguno dijere que Dios vivo y verdadero, creador y Señor nuestro, no puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana, por medio de las cosas que han sido hechas, sea anatema”.
La Iglesia católica, pues, establece como dogma de fe católica que el ser humano por su sola razón puede conocer la existencia de Dios. Afirmación que base en los siguientes testimonios bíblicos, patrísticos y filosóficos.
San Pablo enseña: “lo invisible de Dios, su poder y su divinidad, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras” (Rom.1, 20). A los ciudadanos de Listra, les pide: “volved al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra y el mar y cuanto hay en ellos” (Act.14, 15).
En su discurso a los ciudadanos de Atenas que daban culto “al Dios desconocido”, les dice: “a ese que adoráis sin conocerle, os lo vengo yo anunciar, el Dios que hizo el mundo y todo cuanto hay en él, que es el Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por las manos de los hombres, es el que da a todos vida, aliento y todas las cosas, el que creó de un solo principio el linaje humano” (Act. 17, 23-26).
San Agustín advierte que el ser humano no puede ignorar la existencia de Dios, aunque afirma: “solo se ve a Dios en la medida en que se muere a este mundo, y en la medida en que se vive para este mundo no se ve”. San Juan Damasceno enseña: “el conocimiento de Dios ha sido infundido por Él a todos por medio de la naturaleza.
La filosofía escolástica de santo Tomás de Aquino enseña, en su Summa Theológica, que la persona humana puede conocer y demostrar la existencia de Dios racionalmente por cinco vías: por la existencia del movimiento, de los efectos, de la contingencia, del grado de perfección y del orden que vemos y contemplamos en los seres y cosas que suponen y evidencian un motor, una causa, un ser necesario, perfecto y ordenado, primario, único y origen de todo, a la que llamamos Dios, y que Cicerón llamó: “Causa causarum”.
Los ateos, que defienden las filosofías que niegan la existencia de Dios, y los agnósticos que dudan, basan sus razones en la diversidad de religiones, en que el ser humano no puede demostrar su existencia, en la existencia del mal, dolor y sufrimiento de las personas inocentes y en que la libertad humana es incompatible con la existencia de Dios, afirmando que solo existe materia que puede verse y probarse.
Contra dichas objeciones ateas y agnósticas, es necesario y conveniente decir:
Primero, las diversas religiones tienen su origen en las distintas condiciones educativas, culturales y medio ambientales de los pueblos,
Segundo, el ser humano puede conocer y demostrar la existencia de Dios por medio del movimiento, del efecto, de la contingencia, del grado de perfección y del orden que hay en mundo.
Tercero, Dios no es responsable de la existencia del mal y el dolor, que es ausencia de bien, sino que es producto de la libertad humana.
Cuarto, la libertad humana es compatible con la existencia de Dios, que es Amor y Vida.
Por consiguiente, la persona humana debe sentirse alegre, contenta, satisfecha, y no hay razón alguna para temer a Dios, que es Padre, Amor y Vida.
José Barros Guede
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