MEXICO,D.F., 07.07.08 Jorge Pérez U.- La visita del Senador Mc Cain a la Basílica de Guadalupe, constituye un hecho inusitado, sin precedente, desde el nacimiento de los Estados Unidos de América, el que un candidato a la presidencia de ese país visite el templo más importante para el catolicismo, no sólo de México, sino de América Latina entera.
Más digno de atención vuelve este hecho, el perfil de John Sydney McCain: miembro de la Iglesia Episcopal aunque no practicante, senador republicano más bien liberal, divorciado, confeso de infidelidad marital en dos o tres ocasiones, padre de ocho hijos. Héroe de la guerra de Vietnam donde actuó como piloto, fue capturado y prisionero en Hanoi y sujeto de tortura continua. Sufrió la quiebra económica hace unos meses, así como cáncer de piel. Es conocido en su bancada como “el torbellino blanco” por su adicción al trabajo y carácter explosivo.
Fue acompañado en esta visita por su esposa Cindy, el embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza y por los senadores Joseph Liebermann y Lindsey Graham, judío y bautista del sur, respectivamente, así como por el hermano de George W. Bush, Jeb, protestante convertido al catolicismo a instancias de su esposa Columba, de ascendencia mexicana,.
Recibido por el Rector de la Basílica, Mons. Diego Monroy, McCain fue, sin quererlo, sometido a ofrecer un verdadero sacrificio a la Virgen Morena cuando el encargado del santuario le pidió dedicar un ramo a la Virgen de Guadalupe en un atrio superior al metro y medio de altura, -McCain no puede levantar los brazos desde hace cuarenta años, cuando sus interrogadores vietnamitas le rompieron los hombros dañándolos de forma irreversible-, el senador estadounidense por Arizona tomó el ramo de rosas blancas y con grandes trabajos trató de colocar la ofrenda en su sitio, frente al ayate de san Juan Diego.
Si bien la prensa mexicana ha tomado con escepticismo el hecho de la visita, los creyentes mexicanos conocemos bien que una visita a la Guadalupana trae consecuencias importantes y el hecho más palpable fue cómo marcó el pontificado de Juan Pablo II.
Por lo pronto McCain y sus acompañantes han dado una muestra de ecumenismo y de querer acercarse a la cada vez más numerosa población de ascendencia mexicana, hecho que, indudablemente, será tomado en cuenta en la próxima elección norteamericana.
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